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Con una Siria expectante, el presidente Bachar el Asad no ha cedido ante la presión popular. Ante el Parlamento, el mandatario ha declarado hoy que "los conspiradores se han confundido de país" sin anunciar reformas concretas y demandas por los manifestantes ni el levantamiento del estado de excepción, vigente desde 1963.

El presidente sirio ha dicho que está muy "apenado" por la violencia que ha vivido el país en los últimos días y ha asegurado que su deber es "proteger a los sirios", informa Reuters. En un discurso interrumpido por los aplausos de sus seguidores, El Asad ha afirmado que "las protestas son obra de conspiradores", cuyos instigadores pretenden crear "inestabilidad en Siria y en los países árabes". Sin embargo, ha añadido que los disturbios son "un momento excepcional" que servirá para probar la "unidad nacional". "Somos capaces de superarlo", ha manifestado.

Desde la semana pasada distintos portavoces presidenciales anunciaron que se levantaría el estado de excepción, vigente durante casi medio siglo, y que se tomarían medidas de liberalización política y económica. Esas cosas ya fueron prometidas por El Asad en 2000, cuando heredó la presidencia de su padre, y en 2005, pero nunca se llevaron a término. El Asad justificó su inacción por la "resistencia" de la "vieja guardia" del entorno de su padre. En los últimos días circularon en medios diplomáticos informaciones sobre un supuesto enfrentamiento palaciego entre partidarios de la reforma y partidarios de ahogar en sangre la revuelta, sin que quedara claro de qué lado estaba el presidente.

Tampoco estaba claro que una nueva retahíla de promesas fuera a calmar los ánimos. La revuelta nació en Deraa, una ciudad cercana a la frontera con Jordania, para reclamar cosas elementales, como que no fuera necesaria la aprobación de la policía política para comprar o vender una casa (una de las severas medidas de seguridad que se aplican en las zonas fronterizas para evitar "infiltraciones"), pero la durísima represión radicalizó las protestas. En los últimos días se exigía el fin del régimen y el establecimiento de un sistema democrático, y se proferían insultos contra Bachar el Asad.

Con todo, la
revuelta siria logró ayer su primer trofeo: el Gobierno en pleno presentó su dimisión ante el presidente. La caída del Gabinete formó parte de un plan destinado a calmar el malestar social y a demostrar que El Asad tenía la situación bajo control. Cientos de miles de ciudadanos se manifestaron en Damasco y otras ciudades en apoyo al presidente.

Las manifestaciones de ayer mostraron cierto parecido con las elecciones al estilo sirio, que siempre ganan el presidente y el partido Baaz con un 97% de los votos: masivas, dirigidas por la burocracia estatal y con un inconfundible aroma a fraude. Participaron, sin duda, ciudadanos convencidos de que la dictadura de los El Asad era lo mejor para el país o temerosos de que una caída del régimen conllevara una guerra entre sectas religiosas o un Gobierno islamista. Pero la mayoría de los asistentes estaban ganándose el jornal. Miembros del Baaz y de sindicatos controlados por el partido explicaron a Reuters que se les había ordenado salir a la calle con fotos de Bachar el Asad. Maestros y maestras recibieron también instrucciones para que llevaran a los alumnos de manifestación.

Tanto en Damasco como en Alepo, Hama y otras ciudades las marchas fueron masivas, festivas y sin incidentes, y se corearon gritos como "el pueblo está con Bachar el Asad" y "no al sectarismo, no a los conflictos civiles, Siria es solo una". Las fuerzas de seguridad protegieron a la multitud. En Siria solo están permitidas las manifestaciones de apoyo al presidente. Cualquier otro acto público de carácter político es ilegal. En las protestas de Deraa y Latakia, iniciadas hace menos de dos semanas, han muerto ya más de 60 personas (fuentes no oficiales elevan sustancialmente esa cifra) por disparos de las fuerzas de seguridad.
http://www.elpais.com/articulo/internacional/presidente/sirio/cede/presion/popular/denuncia/gran/conspiracion/extranjera/elpepuint/20110330elpepuint_5/Tes



 
 
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NUEVA YORK.- El Consejo de Seguridad de la ONU adoptó hoy una resolución que autoriza tomar "todas las medidas necesarias" para proteger a la población civil libia de los ataques de las tropas de Muamar el Gadafi y establece una zona de exclusión aérea sobre el país magrebí. La medida recibió el respaldo de 10 de los 15 miembros del máximo órgano de seguridad internacional, mientras que ninguno votó en contra y los otros cinco se abstuvieron. Los países que se abstuvieron fueron Brasil, India, Alemania, China y Rusia, estos dos últimos miembros permanentes del Consejo de Seguridad y que hubieran vetado la medida de haber votado en contra. "La resolución de hoy toma en cuenta la causa del pueblo de Libia y pretende acabar con los crímenes atroces en contra del pueblo que cometen las autoridades libias", dijo tras la votación el embajador del Líbano, Nawaf Salam, país que junto a Francia, Reino Unido y EE.UU. impulsaron la resolución adoptada. El representante del único país árabe en el Consejo aseguró que las autoridades libias "han perdido toda su legitimidad" y resaltó que las medidas autorizadas no incluyen la ocupación del país por parte de tropas extranjeras. Por su parte, el ministro de Exteriores de Francia, Alain Juppé, que viajó hoy a Nueva York para asistir a la votación, señaló que Gadafi trata de "aplastar" la voluntad de su pueblo de vivir en democracia. "No podemos abandonar a la población civil y las víctimas de la represión brutal, no podemos permitir que se derribe la legalidad y la moralidad internacional", dijo el jefe de la diplomacia gala. Juppé aseguró que Francia está dispuesta a actuar con rapidez "junto a nuestros socios y los países árabes". Alemania señaló que apoya "completamente" el paquete de sanciones económicas y financieras que contempla la resolución, pero reconoció que "las decisiones que implican el uso de la fuerza militar son siempre difíciles de tomar". "Vemos grandes riesgos y no se debería desestimar el peligro de perder muchas vidas. Vemos el peligro de estar involucrados en un conflicto militar que podría afectar a una región más amplia", dijo el embajador germano ante la ONU, Peter Wittig. La resolución establece que los Estados miembros de la ONU pueden adoptar "todas las medidas necesarias" -lo que incluiría ataques aéreos- para "proteger a los civiles y las áreas de pobladas por civiles bajo ataque en Libia, incluida Bengasi", el bastión de los rebeldes. Al mismo tiempo, excluye la presencia de "cualquier fuerza de ocupación extranjera de cualquier tipo, en cualquier parte del territorio libio". La resolución endurece el embargo de armas a Libia y refuerza las sanciones impuestas el mes pasado a Gadafi y su círculo más cercano de colaboradores. Entre las primeras reacciones favorables ha estado la del director ejecutivo de Human Rights Watch (HRW), Ken Roth, quien afirmó que "por segunda vez en un mes, el Consejo ha desafiado las expectativas y dejado claro que todas las opciones están sobre la mesa para prevenir atrocidades". "Esperamos que de ahora en adelante, el Consejo de Seguridad actúe en consecuencia con su obligación de proteger a los civiles en Libia y donde sea", agregó Roth.

http://www.terra.cl/actualidad/index.cfm?id_cat=303&id_reg=1614733




 
 
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El coronel libio dijo que si hay una intervención militar extranjera como en Irak, el país "abandonará la lucha internacional contra el terrorismo" y declarará la guerra santa.

El líder libio Muammar Gaddafi afirma que si los gobiernos occidentales se comportan "con nosotros" como en Irak, "Libia abandonará la alianza internacional contra el terrorismo, nos aliamos con al Qaeda y declaramos la guerra santa", en una entrevista concedida al diario italiano Il Giornale.

Anteriormente, Gaddafi había responsabilizado a Al Qaeda de la insurgencia contra su régimen. Dijo en su minuto que "negociar con los terroristas de Osama Bin Laden" no era posible y que la población tenía miedo de esta gente.

En cuanto a Bengasi, segunda ciudad en importancia de Libia, situada al este y en poder de los rebeldes, el coronel sostiene que no hay un espacio para el diálogo con los insurrectos porque el pueblo está de su parte, es más, la gente le pide "que intervenga contra las bandas armadas" que, según Gaddafi, pertenecen a Bin Laden.

La conquista de la Cirenaica, con capital en Bengasi, Gaddafi la da por hecha.

Los rebeldes "no tienen esperanza, es un causa ya perdida. Hay dos posibilidades: rendirse o escapar. Estos terroristas utilizan a los civiles como escudos humanos, incluidas las mujeres", refiere.

Gaddafi asegura que sus tropas avanzan rápidamente hacia Bengasi antes de que se produzca un baño de sangre y "para combatir el terrorismo".

En cuanto a la ciudad de Misrata, la tercera en importancia en el país y ya asediada, "los terroristas serán procesados, pero la gente normal será perdonada". Habrá clemencia, bajaremos las armas", asevera.

El coronel Gaddafi asegura que se siente "traicionado" por su hasta ahora amigo, el primer ministro de Italia, Silvio Berlusconi, con quien no mantiene ninguna relación, y que el Presidente francés, Nicolás Sarkozy tiene una especie de "desorden mental" porque "ha dicho cosas que sólo podría decirlas un loco".

Preguntado si, en el caso de que supere la crisis, está dispuesto a dar un paso atrás y ser sustituido por su hijo Seif al Islam y acometer las reformas, Gaddafi responde que "lo decidirán los libios a través de los Comités Populares y el Congreso del Pueblo. Si la elección viene del pueblo yo aceptaré".
http://www.latercera.com/noticia/mundo/2011/03/678-351499-9-muammar-gaddafi-amenaza-alianza-con-al-qaeda.shtml



 
 
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REPORTAJE: Ola de cambio en el mundo árabe Guerra civil en Libia Un ejército que está por hacer Los rebeldes, que carecen de orden y utilizan armamento obsoleto, se enfrentan a unas fuerzas mucho mejor pertrechadas JUAN MIGUEL MUÑOZ | Bengasi 07/03/2011 

 Muamar el Gadafi nunca quiso que el Ejército fuera una institución potente. Creo sus propias brigadas y cuerpos paramilitares y ninguneó a las Fuerzas Armadas. Prácticamente desmantelado el Ejército libio, tras la deserción masiva de soldados y el asalto a los cuarteles que siguió al estallido de la revuelta en Bengasi el 15 de febrero, decenas de miles de fusiles pasaron a manos de civiles que ahora se unen a las filas de los rebeldes. Pero como sucede con las instituciones políticas, todo está por hacer. Solo el pasado miércoles fue nombrado el ex general Omar el Hariri -antiguo camarada de Gadafi- jefe del Consejo Militar, que promete obedecer las órdenes del Consejo Nacional transitorio. Cualquier parecido de las fuerzas sublevadas con un ejército es pura coincidencia.
Solo se trata de conseguir algún arma. Y eso no es muy complicado. A menudo, grupos de jóvenes se citan en la plaza Mahkama, en el centro de Bengasi, y deciden partir hacia el frente. Nadie se lo ordena. Se montan en camionetas, muchas de ellas japonesas, y se dirigen a la carretera que conduce desde Bengasi a Ras Lanuf. Casi nunca hay convoyes. A lo sumo, tres o cuatro vehículos cargados de voluntariosos combatientes vestidos de paisano en su inmensa mayoría. Pocos llevan uniformes, pero en esto tampoco hay orden. Los camuflajes son caquis y azules; algunos tienen las chaquetas, pero calzan zapatillas Nike o zapatos. Cada grupo de rebeldes parte cuando le viene en gana. Con un armamento anticuado, obsoleto en muchos casos porque no fue conservado debidamente en los arsenales.
Además de los Kalashnikov que abundan en todo el mundo árabe, los insurrectos cuentan con ametralladoras que montan en las camionetas, lanzagranadas, piezas de artillería ligeras, baterías antiaéreas para proyectiles de 14,5 milímetros de calibre y lanzacohetes portátiles. Algún tanque también está estacionado junto a los retenes rebeldes. Pero no está nada claro que se haya hecho uso de ellos. También pululan en los controles de los insurgentes hombres que solo tienen pistolas mientras muchos jóvenes limpian los proyectiles, sucios tras años de abandono. Entre las cajas de munición algunas son de procedencia norcoreana.
Se enfrentan los sublevados a unas fuerzas mucho mejor pertrechadas, con mucha más potencia de fuego. Principalmente porque dominan el espacio aéreo. Una ventaja decisiva. Las estampidas son frecuentes en los controles militares de los desorganizados milicianos cuando se oyen las explosiones o el sobrevuelo de los aviones de combate de la Fuerza Aérea libia. Mustafá Gheriani, uno de los representantes del Consejo Nacional transitorio libio, asegura que en la zona de Ras Lanuf, Brega y Ajdabiya hay desplegados 17.000 rebeldes. Ayer, domingo, encajaron su primer revés serio. Su ofensiva camino de Sirte, ciudad natal de Gadafi, fue detenida y hoy se combate en las cercanías de Bin Jauad y Ras Lanuf. La guerra se ha estancado en esa zona. Los insurrectos anunciaron, no obstante, que han escondido sus baterías antiaéreas en el desierto.
Su inexperiencia es patente. Algunos milicianos hacen malabarismos con granadas o apuntan con sus fusiles a cualquiera. Ya ha habido accidentes con víctimas mortales por su falta de destreza. El viernes, una tremenda explosión sacudió un arsenal a unos 30 kilómetros de Bengasi. Inmediatamente, los rebeldes culparon a Gadafi. Pero cobra fuerza la versión de que se trató de un incautó que entró fumando en el depósito de las municiones.
http://www.elpais.com/articulo/internacional/ejercito/hacer/elpepuint/20110307elpepuint_12/Tes


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